Me libero de la vida para desenterrar mi sueño, mi mente se sepulta, en este mundo me encuentro. Todo parece florecer en el campo invernal de mi afectuoso sueño, observo amplia libertad encerrado en mi silencio. Una lluvia lenta y tenue envuelve mi rostro sin cesar, el sol de invierno me quiere besar, sus rayos penetran en mi, la luna comienza a sufrir, ella me llamó, a su lado voy a partir. Te observo derramar lagrimas, en esta noche de agua fría, siento gran dolor noche y día. ¿ Que haces? ¡No te ocultes tras las nubes, no dejes de mirarme, no quiero que se nuble, solo quiero abrazarte! Me despido de ti, te has marchado sin mí, pero mañana volveré, al sendero oscuro que me vio nacer y, en ese mismo lugar, quiero morir y desaparecer. . .

 

 

                                   

           Cinco semanas. . . ¿ Un sueño? 

 

          Sentía miedo, temor de despertar de mi sueño; letargo que busqué desvalidamente, con ansias, sin discrepancia, una falta al sueño me consagró a sumergirme en descanso . . .

 

     Desperté acordándome de mi nombre; Edgar, si, es como me llamo, aunque en ese corto momento desconfié de mi nombre, de mi paradero, de mi vida al completo, existencia monótona para mi persona.

     Me trasladé de mis aposentos totalmente desarreglado y, me dirigí al cuarto de baño; frente al espejo, observé a una persona morena, cuyo pelaje reposaba en unos hombros cortos y caídos, con ojos verdes claros y el rostro pálido, muy Blanco (tan pálido, que cuyo cuerpo pareciese salir de un féretro en mitad de la noche) sus cejas finas y labios pronunciados. Aquel señor era Edgar, o sea, yo, si me reconocí, volví de mi sueño a la realidad. Me despejé la cara con agua clara y fresca y, me encaminé al salón, al llegar  a mi destino, retrocedí un poco alarmado he impresionado, ya que tuve que esquivar con unos pasos cortos unos cuerpos sin vidas, muertos, ensangrentado que reposaban en el suelo de madera de mi salón. Cinco personas descansaban eternamente, tres mujeres y dos hombres, personas se me podía antojar  afortunadas de descansar en armonía, apartadas de esta vida tan injusta para los seres. Podían pensar de mí aquellas personas que me observase en aquel momento, que si estoy loco, o incluso, que yo sería el brutal asesino de aquellas encantadoras víctimas, pues se equivocarían rotundamente, ni una cosa ni la otra, si quiero decir, que quede impresión  a tal acontecimiento pero no lo suficiente como para alarmarme, todo lo contrario, en ese momento sentí animosidad de tal acontecimiento. Cruce el cuarto sin mas dilación. Al llegar a la cocina, donde me esperaba impacientemente un gran desayuno, recapacite y pensé. ¿Quiénes son estas personas? ¿Cómo han llegado a mi hogar? Lo cierto es que no quise agobiarme, ni tampoco llamar a la policía, no lo tome en cuenta,  no quise molestarles, para que veáis que no estoy loco, un loco se sumergiría en una esquizofrenia al presenciar dicho acontecimiento, mi tranquilidad era patente.

   

     Pasaron cinco semanas, los cuerpos seguían en la misma posición, de ellos desprendía un fuerte hedor.  Sentía paz y sosiego al observarlos como dormían con tanta serenidad.

     Sentado en un sillón frente a las personas fallecidas, escuché llamar a la puerta, tras la mirilla pude ver a  Berenice, amiga que conocí hace años, manteníamos una relación de amistad, nunca mantuvimos ninguna relación de amor, solo amistad, aunque si tengo que reconocer que me atrae y siento algo de amor por ella. Su rostro es bello, con unos ojos azules como el cielo, una nariz fina y labios ardientes, esperando que yo me deslizase con los míos. Cuando hablábamos hay momentos que me gustaría sumergirme en ella, navegar tras su mirada, introducirme en su lecho, acariciarles sus pechos erguidos muy voluminosos, y atravesar su océano hasta ahogarme en el intento.

     Le ofrecí la entrada, me comentó que me había estado llamando por teléfono varios días y no contestaba a su llamada, obvio, lo desconecte para que el timbre no despertase a las personas muertas en mi salón. La note preocupada, me comentó que su preocupación erradicaba, por no saber nada de mí durante cinco semanas y tres días, que fue la ultima vez que nos vimos. Le comenté que durante ese tiempo me aguardé en mi casa a consecuencia de la gripe, solo salía para ir a la tienda de la esquina para comprar la comida necesaria para sobrevivir, incluso mi comparecencia en el trabajo fue inútil por la dichosa gripe que pasé días atrás. Mentí, durante todo ese tiempo no quise abandonar a los cuerpos; ¡cuerpos! Pensando la realidad de mi ausencia en el mundo exterior, me acorde de los cuerpos sin vidas que descansan en el salón, un fuerte escalofrío recorrió todo mi cuerpo, Berenice aguarda delante de  mí en la entrada de la casa, cuando la cruce vera los cuerpos.

     Llegamos al salón charlando, cuando cerré la puerta divise que los cuerpos habían desaparecido del lugar donde descansaban, un poco descompuesto e impresionado grité: 

    - ¿Dónde están los cuerpos? ¡Estaban aquí tumbados!

    -¿De que cuerpos hablas Edgar? – Dijo - Tienes que visitar a algún medico, ¿Qué te sucede? Me preocupas.

     Quede mudo, no sabia que responder. Tras recuperarme, me disculpe por mi acto agresivo, le comunique que estaba nervioso, y no sabia por que grité. Berenice quedo satisfecha y se tranquilizo tras mi respuesta falsa.

     Charlamos tomando café, ella me hablaba sobre su trabajo, si soy sincero puedo decir, que no le atendí en su charla, mi mente se hallaba en otro oscuro lugar, los cuerpos me preocupaban.

     Tras gustar él ultimo sorbo del exquisito café, marchó. Cerré la puerta después de despedirme, me di la vuelta lentamente, pausado, un temor recorrió todo mi cuerpo, pensaba en aquellos cuerpos desnudos a la muerte, el miedo que se apoderó de mí, no se trataba de los cuerpos sin vida, cosa que no me importaba, todo lo contrario, me agradaba el consorcio de aquellas felices personas, mi asombro, la desaparición de ellos, ya que al mirar de nuevo y cuando la soledad era la princesa de mi hogar, seguían sin brotar.

     Me acomodé en mi sillón, observando el lugar donde horas atrás reposaban los difuntos. El sueño se apodero de mí, quedándome sin vida durante varias horas, que posteriormente resucité tras percibir un golpe en la sala donde descansaban los cuerpos, tal golpe provenía de la chimenea que esta situada delante de mí. Me incorporé del sillón y me acerque sigilosamente al lugar misterioso, no pude ver a nadie ni nada y, los golpes en este caso más acelerados seguían persistiendo. ¡No había nadie! Estaba seguro de lo que escuchaba. Mi corazón latió mas acelerado al percibir mis oídos, una voz que me llamaba por mi nombre: “Edgar. . . Edgar. . .” Provenía del mismo lugar, fortifiqué mi corazón y mi espíritu casi roto, necesitaba fuerza a tal acontecimiento, intuía que de inmediato, muy pronto, la locura se apoderaría de mí.  En ese preciso instante corrí desmesuradamente hacia mis aposentos, cuando, la sorpresa y el terror fueron mayores, quede perplejo, sin aliento, mi boca reseca me lo demostró, no sabia que hacer, que pensar de lo que percibían mi vista, ¡Que espanto! ¡Que horror! Los cuerpos sin vidas se encontraban frente a mí, ¡Están vivos! ¡Sonrientes! Me miraban con deseo de aniquilarme, andaban hacia mí pausadamente, yo, retrocedía tropezando con todo lo que me encontraba por mi torcido camino. Anduve hasta que caí  pujantemente contra el suelo, me golpeé en la cabeza, y en aquel momento. . . Desperté en mis aposentos, tumbado en mi lecho. . .  ¿Fue un sueño?

 

    Me dispuse a desayunar, cuando escuché el timbre de la puerta, el hijo del vecino, como todas las mañanas, me traía el periódico, ya que su padre, posee un quiosco de prensa, y los llevan a domicilio. Le di el dinero y marchó. Me prepare un café cargado y ojeando el periódico, leí un titular: ¨ La policía, busca desamparadamente el autor o autores, del brutal asesinato de cinco personas, tres mujeres y dos hombres. . .¨

    Me alarmé, pues aquel crimen plasmado en la primera página del periódico, coincidían con mi sueño. Al cabo de varias horas transcurridas, no le di más vueltas al asunto, y no lo tome en cómputo.

    Me prepare para ir a trabajar, busqué la ropa en mi armario, mi corazón se aceleró, detrás de toda la ropa, encontré, tras mi asombro, cinco cabezas cortadas de sus respectivos cuerpos, cinco cabezas ensangrentada rodaron hasta mis pies, yo, retrocedí lentamente, al final, quedé paralizado, sonriente pregunte:

    - ¿Sois vosotros? ¡Que alegría me producís! Pensaba que me abandonabais a mi triste soledad, pero, ¿ Y vuestros cuerpos?

   

    Espero que no me odies, Berenice, por todo lo contado, esta es mi historia, yo no te mentiría, además ¿Por qué deberías de odiarme? Yo no los maté.

   - Es extraño lo que me contáis, Edgar, si te creó, aunque me cueste, pero, ¿Quién coloco, esos cuerpos en tu hogar?

   - Después de tanto tiempo transcurrido, yo, me sigo preguntando lo mismo ¿ Quién mando a mi hogar aquellos cuerpos sin vidas? ¡ Quizás nacieron de las penumbras!  ¡ Del abismo! O tal vez, brotaron de mi mente. Nunca supe quienes eran, y eso, que todas las noches, antes de sumergirme en descanso, observo, en un misterio voraz, aquellas cabezas segadas de sus cuerpos; cuerpos que me visitan en sueños. . .   

  

    

 

 

 

 

 

 

                                                                        VICTOR M. MORILLO

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